Publicado: 23 de Enero de 2020

Una mujer que de niña fue maltratada por su propia madre y sus hermanos, buscando refugio, se casó con un marido hediendo y maltratador. Machacada y aporreada, decidió separarse, y toda la familia se puso en contra de ella por no pasar esa vergüenza: separarse de un marido tan bueno, que era bancario y lo podrían necesitar.

Se vió sola, y en la tormenta, buscando proteger a sus tres hijos, tuvo tres parejas de hecho, a cual más malo, y más cabrón. El último le metió un SIDA VIH, por lo que la abandonaron hasta los higos. Sola y casi muerta encontró a un compañero de trabajo y le contó su historia. Don Nicodmo de Viruez. Don Memo sabía que el SIDA no se pega, que no hay peligro de convivencia y se casó con ella, previo hecho de separación de bienes. Los hijos montaron en celos por la pensión de la madre y la casa, y la secuestraron, la aislaron y le negaron todo tipo de ayudas. Y en menos de un año ella murió, que es lo que ellos buscaban, sus bienes muebles e inmuebles.